MAX

Max, una historia de los ochenta, es una novela publicada por la Editorial Pasiónporloslibros (2015)
Es una historia de ficción ambientada en la Barcelona de principios de la década de los ochenta. Es una mirada de la época un tanto sórdida donde Max intenta salir adelante en una sociedad en vías de cambio. Es un ser cargado de conflictos internos que le llevan a una deriva de sexo y drogas de las que le es difícil salir,  pero que a la vez la lleva como buenamente puede para alcanzar su fin, que no es otro que el de salir del complicado laberinto en el que se encuentra.

Max es un joven reportero gráfico vecino del barrio chino de Barcelona, que se infiltra en los ambientes más diversos de la ciudad, conociendo a fondo a numerosas mujeres con las que vive tórridas aventuras de carácter intimo, que son relatadas detalladamente en un texto cargado de sexo explicito, donde el alcohol y las drogas suelen estar presentes.

El protagonista de la novela trabaja para una famosa revista de periodismo de investigación de la época, su labor consiste en seguir a personajes famosos para pillarlos “in fraganti” en asuntos turbios y en fotografiar señoras desnudas para la portada y las paginas centrales de la revista.
En ocasiones se ve envuelto en casos de crímenes y asesinatos que son los que marcarán su vida en un futuro.
El hedonismo y los excesos de todo tipo son su razón de ser.

Los capítulo de la novela están ilustrados con fotos realizadas expresamente para ser incluidas en el libro. Las fotos son de las sesiones que realicé con diferentes modelos.

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En la novela se hace referencia a unas cuantas canciones, el protagonista es un apasionado de la música, al igual que las personas que lo rodea.
Por supuesto la música que escuchan es de las décadas de los 60, 70 y 80s.
Puedes imaginarte a Max escuchando estas canciones fumándose un cigarrillo en casa mientras prepara el siguiente caso o mientras se toma una cerveza esperando al camello en cualquier mugriento bar del salvaje y oscuro barrio chino.
Recomiendo escuchar la lista de Spotify de Max mientras se lee el libro.
Da click encima de la siguiente foto y te llevará a la lista de reproducción.

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La novela se presentó en el Maumau, el local de referencia de los cafres nocturnos.
Vino mucha gente y me hinché a firmar libros.
Fue lo más parecido a esa felicidad que algunos dicen que existe.

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Firma de libros un día de vermut en Es Xiviu

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Si quieres saber más sobre la novela solo tienes que hacer click en la siguiente foto.

MAX

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LUCÍA ( Capítulo 1)

Lucía era una chica de aspecto muy saludable. Tenía una fortaleza y un temperamento fuera de lo común.
La conocí haciendo cola en el cine Padró. Fui a ver una de aquellas películas que te recomiendan, pero que sabes a ciencia cierta que no te va a gustar.
El cine Padró era un antro de mucho cuidado con olor a zotal, con unas butacas con los muelles medio salidos que se te clavaban en el culo; de ellas se desprendía un olor desagradable debido a los cientos de culos grasientos que se posaban sobre ellas.
Lo cierto es que no era un cine muy recomendable para una chica de buena familia como ella, amante del solitario placer de ver las películas sin compañía alguna; es decir: una rara como yo.
El cine Padró, situado en pleno centro del casco antiguo de la ciudad, estaba rodeado de bares sucios con una clientela aún más sucia, y de pensiones donde los puteros dejaban sus babas sobre la piel de cualquier prostituta desdentada, por tan solo dos mil pesetas.
Una entrada por favor, con solo esa frase ya me enamoré de ella. Era una voz dulce y desgarrada a la vez. Una voz que hizo que dejara de rascarme la bragueta y le prestase atención.
Tendría unos veinticinco años, era delgada de piel morena, con unos pechos de buen tamaño y mucha clase vistiendo.
Llevaba un abrigo negro largo que, al girarse se abría lo suficiente como para dejar ver sus carísimas botas y sus estupendas y larguísimas piernas; una falda, de un material que desconozco, que se ajustaba de una manera espectacular y una blusa oscura con dos botones abiertos, solo dos, los suficientes para dejar ver parte de unos pechos que a mí se me antojaron maravillosos: Su pelo era largo pero no demasiado, de color negro, teñido seguro, y unos labios y una boca que me dejaron mudo al instante.
Compré rápido mi entrada y corrí tras ella, no quería perderla de vista. Me resultó complicado localizarla entre aquel mar de cabezas casposas pero lo hice.
Allí estaba ella con sus andares de niña pija, tan desorientada y asustada que no encontraba el baño.
Me deje caer como por casualidad y la miré, ella me miró y me preguntó por el baño. Le indiqué la puerta y esperé a que saliera tomándome una cerveza en el ambigú.
Cuando salió del baño se fijó en mí y se acercó para darme las gracias y decirme que estaba un poco asustada; Era la primera vez que venía por estos barrios pero que este tipo de películas no las proyectan en los cines de la zona donde ella vivía.
Le invité a una cerveza y nos fumamos un cigarrillo.
Sonó el timbre que avisa del comienzo de la película: Terminamos nuestras cervezas y apuramos las últimas caladas de nuestros cigarrillos.
Ella entró primero en la oscura sala, yo la seguí con los ojos medio cerrados: Lo cierto es que me guiaba más por el olor de su caro perfume que por lo que realmente veía, que más bien era nada. Al dilatarse mis pupilas pude ver que había tomado asiento y que con su mano hacía un gesto para que me sentase a su lado: Esos golpecitos que se dan en el asiento que tanto me gusta que me hagan y más si me miran fijamente a los ojos una bella mujer.
Obedecí y me senté a su lado. Al dar comienzo el anuncio de Movierecord se iluminó un poco la sala y pude observar que estaba sentada con las piernas cruzadas, dejando ver sus muslos prietos; se había subido la falda para estar más cómoda. No daba crédito a lo que estaba viendo. Unas piernas largas y delgadas con medias de seda, creo y unas botas de “chúpame la punta” con taconazo de aguja.
Seguí observándola y subí con la mirada hasta la cintura, era como de avispa, sus pechos se hinchaban y deshinchaban al ritmo de su respiración; a la cara no me atreví a mirarla después, del repaso visual que le pegué.
Empezó la película, era una de aquellas que no sabrías decir si era de arte y ensayo o un truño pretencioso de algún atista flipado de los que, en aquella época, inundaban el norte de Europa.
Ella se acomodó más en su mugriento asiento, haciendo que la falda se le subiera un poquito, dejando ver aún más sus maravillosos muslos. Yo hice lo mismo pero con diferente resultado; lo único que conseguí fue marcar más paquete y pellizcarme un huevo: Solté un resoplido que llamó su atención y clavó su mirada felina en mi entrepierna.
Noté como si me atravesase la ropa con la mirada y me excité. Noté como el miembro crecía dentro de mi apretado pantalón, parecía que se hinchaba y deshinchaba al mismo ritmo que sus jugosos pechos.
La película llegó a un punto de intelectualidad exquisito. En blanco y negro y versión original, por supuesto.
Una gorda, de largas trenzas rubias, se balanceaba desnuda en un columpio mientras un enano, con casco de vikingo, le daba impulso. Ella cantaba una extraña canción en alemán mientras hacía subir y bajar sus enormes ubres, una arriba y la otra abajo, con sus rollizas manos.
Este cuadro no lo pinta ni Picasso, pensé. Jamás entendí este tipo de cine y jamás me gustó.
Mi táctica era dejarme caer por este tipo de cines porque siempre iban las chicas más guapas. Las menos agraciadas iban a ver otro tipo de cine, películas que a mí sí me gustaban.
Cuando la gorda dejó de cantar, cayó del columpio y fue a parar encima del
pobre enano, casi lo mata: Por la expresión de su cara se diría que lo estaba asfixiando pero ella, en vez de levantarse, cogió con una mano el casco vikingo mientras con la otra acariciaba uno de los cuernos con un movimiento y cadencia similar a la de una masturbación.
En ese momento casi se me escapa la risa ante tamaña aberración, pero permanecí serio al observar a mi vecina de butaca. Ella permanecía erguida en su asiento sin perder detalle: Estaba emocionada y me atrevería a decir que incluso excitada a tenor del movimiento de sus pechos. Su respiración era cada vez más rápida, miraba fijamente a la pantalla mientras se mordía el labio inferior. Cambió de postura, abriendo sus piernas para erguirse más en su asiento. Noté como se acercaba más a mí dejando caer, como sin querer la cosa, su mano encima de mi pierna.
Por unos segundos dudé y me quedé quieto sin atreverme a mirarla…

 

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